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viernes, 17 de julio de 2015

El Ciclo de Vida


Los seres vivos siempre han sido protagonistas de las tres funciones esenciales del planeta tierra, la primera relacionada con brindar los recursos que se necesitan, la segunda ser el escenario en donde se desarrollan las actividades con estos recursos y la tercera recibir el resultado de estas actividades.

Tal vez un concepto que desde nuestra cotidianidad ejemplifica estas tres funciones, es el ciclo de vida el cual podemos visualizar esta vez a través de las acciones de la familia del consumo responsable.

El padre todos los días compra el periódico en el puesto de prensa de la esquina, con base en este caso se pueden analizar, teniendo en cuenta la primera función de la tierra y el inicio del ciclo de vida, en un contexto medio ambiental, el lugar de donde proviene el periódico, entendiéndose como de dónde obtiene la materia prima la empresa que produce el periódico, qué procesos industriales emplea para elaborarlo, cuáles medios de transporte usa para distribuirlo, entre otros factores; desde un punto de vista económico, cuáles son las condiciones de negociación entre la empresa productora y la persona que comercializa ese periódico, dando como resultado X precio hacia el consumidor, además qué factores influyen para que el comercializador pueda estar en ese sitio, tales como arriendo, permisos o servicios públicos; y en cuanto lo social, además de verse el rol del expendedor de prensa, los diferentes grupos que van a comprarle, entre estos, trabajadores, estudiantes, deportistas, entre otros.  

La mamá acostumbra ir a la peluquería cada quince días, donde le cortan el pelo, la peinan y le arreglan las uñas de las manos y los pies. En el anterior caso se representa la segunda función del planeta tierra y la mitad del ciclo de vida, porque usualmente son los momentos donde consumimos, usamos o nos prestan un servicio. Desde el medio ambiente surgen inquietudes relacionadas con el impacto que se generó al momento de desarrollar la actividad, por ejemplo la cantidad de agua que emplearon en el servicio que prestaron en la peluquería, el gasto energético de los accesorios empleados en el servicio, entre otras cosas; en un contexto económico, el grado de satisfacción visto desde el costo-beneficio; y en lo social, el rol de las trabajadoras de la peluquería, la administradora y demás clientes.

El niño después de tomar un jugo usualmente deposita el envase en una caneca para que sea reciclado, cuya acción corresponde a la tercera función del planeta tierra y aquí se ve el final del ciclo de vida del consumo que hace el niño, pero al mismo tiempo el inicio de otro posible ciclo. Igual que los otros casos se pueden analizar desde un contexto ambiental, el impacto que se genera dependiendo del tipo de residuo que se desecha; en un contexto económico el costo que representa el tratar ese tipo de residuo; y en lo social todas las personas entorno al aprovechamiento del residuo.

Acorde con los anteriores casos descritos, cabe recordar que hasta el momento solo podemos disfrutar de un planeta y con base en esta reflexión surge la invitación de tener siempre presentes tanto las tres funciones del planeta, como los distintos momentos del ciclo de vida, en nuestro consumo responsable. 

miércoles, 8 de julio de 2015

Las 4R


En esta ocasión, la familia de consumo responsable nos introducirá al magnífico mundo de las 4R.

La hija nos hace recordar a los libros de “¿dónde está Wally?” al estar escondida en medio de una serie de empaques luego de haber desempacado un producto que compró. Tal vez muchas veces nos hemos preguntado si tanta envoltura es necesaria, de esta reflexión surge el primer hábito de las 4R, el de reducir, el cual nos invita a cuestionarnos en todos los momentos de consumo (antes, durante o después) si la opción que escogemos es la más adecuada dependiendo de nuestras prioridades, ya sean económicas, de salud, ambientales, culturales, entre otras, por ejemplo en un caso, el reducir el número de pedidos a domicilio representa un beneficio de salud porque tendrías que caminar al establecimiento; un beneficio al ambiente porque no generas el mismo impacto de tu huella de carbono; un ahorro económico porque no tendrías que cancelar la tarifa de domicilio; y posiblemente un beneficio social o cultural porque estarías interactuando con tu entorno.

El abuelo siguiendo la tradición familiar, nos recuerda uno de los hábitos de las 4R más ancestrales de nuestra cultura, el de reparar. Al escuchar frases como “necesita una costura la sombrilla”, “eso se puede pegar con superbonder” o “revise el enchufe que debió ser un corto”, usualmente nuestra mentalidad está enfocada en querer prolongar la vida útil de todo lo que consumimos a través de la reparación. Es este hábito el que nos hace cuestionarnos si algo tiene arreglo o se puede reestablecer a su condición original, para que dependiendo del momento de consumo (antes, durante o después) caigamos en cuenta una vez más, dependiendo de nuestras prioridades, si ese producto es el indicado. Por ejemplo, podemos ver el caso de comprar un electrodoméstico, donde antes nos preguntamos si existe respaldo de esa marca para repuestos; durante el uso, leer el manual para evitar posibles averías; y cuando llegue el final de su vida útil revisar si existen programas de recolección o intercambio.

La mamá nos demuestra el hábito de las 4R que involucra mayor creatividad, el de reutilizar. A partir de pensamientos como “esto puede servir para…”, “que bonito se ve de esta manera” o “¿y si le doblamos esta punta?”, además de potenciarse nuestras capacidades creativas, podemos caer en cuenta que la mayoría de productos que compramos terminan siendo materia prima para obtener otros posibles resultados, como ejemplo unos CD´s que pueden partirse en piezas pequeñas y al pegarse en un marco de un espejo generan un mosaico.

El hijo nos enseña el hábito de las 4R que involucra el mayor volumen de residuos sólidos que se generan, el de reciclar. Con el fin de evitar que los residuos sólidos terminen en el relleno sanitario, es fundamental incorporar este hábito el cual nos demuestra que cambiando las propiedades de los productos se pueden generar tanto nuevos productos, como evitar problemáticas tanto ambientales como de salud. Como ejemplo la generación de compost con los residuos orgánicos.